Sunday, April 19, 2009

Lecciones invaluables de un amigo inolvidable


Como muchos amigos ya conocen, mi perro Balto falleció el año pasado. No he escrito en mucho tiempo en el blog porque era un tanto doloroso ver mi última entrada sobre como él llegó a mi vida y la llenó de felicidad. Ahora, que ya han pasado seis meses, siento que le debo mi primera entrada para plasmar lo que él me enseñó.

¿Como un perro puede darnos lecciones a nosotros, humanos, tan perfectos, tan racionales, tan dueños del mundo? La cercanía al mundo animal es importante porque nos recuerda esos detalles de la vida que son tan simples y verdaderos que, como orgullosos humanos, hemos olvidado. Somos mortales, no podemos controlar ni predecir el futuro y solo el presente importa.

Balto, como ya comenté, tenía una grave displasia en la cadera que no le dejaba saltar, caminar demasiado, ni correr muy rapido. Lo podía ver claramente cuando le tocaba interactuar con otros perros, sobretodo comparado con Kimba, la perra que llego a la casa para hacerle compañia y que se convirtió en su objeto de amor/odio durante el año y medio en el que convivieron. Kimba suele saltar tan alto que casi puede lamerme la nariz. Mis dos perros siempre fueron increíblemente competitivos y peleaban entre ellos por la atención de los amos. Obviamene Balto al ver que Kimba saltaba también deseaba hacerlo, pero no podía elevarse más que unos centímetros del suelo. En contadas ocasiones llegaba a mi cintura y yo, muy preocupada por su esfuerzo, lo sostenía para bajarlo lentamente. Era increíble como a pesar de dolor que eso le causaba, su alegría por vivir lo impulsaba a saltar y comportarse como un perro de su edad.

Un perro con ese grado de displasia tiene muy pocas esperanzas de tener una vida larga, y yo ya había sido advertida de que eventualmente, cuando el perro no se pudiese levantar más, tendría que tomar una decisión para evitar un mayor sufrimiento. Yo sabía que ese día llegaría, pero esperaba que cuando llegase hubiesen otras opciones, o simplemente que estuviese lo suficientemente lista para algo asi. Y así nuestras vidas continuaban, dia a dia, tratando de no pensar mucho en eso, aplicando la vieja táctica "no lo pienses demasiado, y evitarás que suceda".

La realidad es que al final no importa cuanto evites pensar en algo, eso no evita que suceda. Una mañana en la que amanecía en casa de mis padres, donde Balto y Kimba vivían (y eran tratados como Brangelina), escuche la voz ronca y fuerte de mi papa desde las escaleras. Jamás había escuchado la voz de mi papa con ese tono tembloroso, que denotaba entre miedo e incertidumbre. Llamaba a mi mamá casi como queriendo evitar que yo lo escuche: "Mi amor, ven! Algo le pasa al Balto, parece como si se estuviese muriendo!!". Nunca lo olvidaré. Aunque yo seguía aún dormitando, al escucharlo abrí inmediatamente los ojos, sentí una enorme presión en el estomago y otra en el pecho, mis manos y mis pies se pusieron frios inmediatamente, mi corazón se aceleró. Sabía que no podía perder tiempo, me levanté de un brinco y corrí al patio sin importarme como estaba vestida, y mientras bajaba las escaleras, pensaba que no podía ser, debía ser un error de mi papá, y si era verdad, podía llegar a tiempo, podía evitar lo que sea que estaba pasando. Llegué a la puerta que da al patio y lo vi, vi a Balto tirado en el suelo sin moverse, y al salir al patio, pude ver aún mas su posición, como si hubiese caido de pronto sin esperarlo ni poderlo controlar, la parte superior de su cuerpo hacia el lado derecho y las patas, hacia la izquierda, su enorme lengua afuera. La lengua de Balto por primera vez en toda su vida, no era su principal herramienta para jadear, solo yacía ahí, tirada en el suelo, viéndose totalmente fuera de proporción, como si no le perteneciese a su cuerpo.

Empecé a gritar "Balto!! levántate!!", lo cogí de las patas, lo zarandeé y ahí lo entendí, Balto no estaba muriendo, Balto estaba muerto y no había nada, absolutamente nada que yo pudiese hacer para evitarlo. Yo, quien siempre fuí la responsable de su bienestar, de su vida, yo, la persona en quien el más confiaba en el mundo, a quien obedecia cualquier orden, su alfa, la jefa de su manada, no lo pude ayudar, no pude hacer nada para ayudarlo. Balto murió sin ninguna razón aparente, en nuestro propio patio. Mi papá contó que al subir las escaleras lo vió ladrar y de pronto cayo fulminado al suelo.

Mi primera lección del día: resignación, no lo puedes controlar todo, no puedes calcular el día que la gente que amas se irá de tu lado, no puedes controlar la forma en que pasará, no puedes controlar nada más que tus propias decisiones. Ni siquiera puedes prever con total certeza que sucederá al tomarlas, al final de cuentas, tu no no mandas y mientras más rapido lo asumas, menos dolor sentirás por todas las aparentes crueldades en nuestro mundo.

Rápidamente tomamos a Balto y lo llevamos a un doctor, pues dentro del shock de su muerte, me atormentaba que hubiese muerto envenenado por algún vecino o ahogado por algún hueso. Debía proteger a Kimba, de cualquiera que hubiese sido la razón de la muerte de Balto. Lo llevamos al veterinario más cercano, sobre cuyas capacidades no quiero ni hablar, y entre lágrimas le expliqué lo que habia pasado. El veterinario una persona desensibilizada y que no me pareció que amaba lo suficiente a los animales como para ser veterinario, me dijo que Balto había muerto de un infarto masivo, algo que viene de pronto y que no se puede controlar. Y al final añadió "Usted ya hizo lo que pudo en vida, ahora ya no hay nada allí, el perrito se fue y usted debe tranquilizarse". Y aún con todo lo confundida y alterada que estaba, me detuve por unos minutos a pensar en esas palabras. En ese instante vinieron a mi todos nuestros momentos de felicidad, cuando le enseñe a sentarse, a dar la pata, a darse la vuelta (el sí se la daba perfectamente, no como Kimba que aún piensa que "vuelta" es "pata"), cuando en contra de mis ordenes se metió en un estero saliendo luego todo mojado, campante y mas apestoso que nunca, cuando desesperada por ser la dueña de un cachorro golden mordedor, siguiendo los consejos del internet, le gruñi fuerte y él, más mortificado que asustado salió corriendo con un chillido de reclamo porque no le permití hacer lo que a él le daba la gana. Le dí todo lo que pude a Balto, ese veterinario sin corazón tenía la razón, le di todo lo que pude.

Siguiente lección de Balto: vive el presente al máximo, disfruta de todo lo que puedas con tus seres queridos, vive como si fuese el ultimo día porque no sabes lo que pasará en el siguiente minuto. Comprendí que yo si viví el presente al máximo con Balto, le di todo mi amor y no tengo ningún arrepentimiento de nuestra vida juntos como amo y mascota. Y de pronto mi llanto incontenible se detuvo, de pronto lo último que me quedaba de coraje y de impotencia por lo que habia pasado, se esfumó. Lo que había pasado no se habría podido detener y mientras vivió, Balto fue el perro mas amado del universo.

Al final Balto murió de forma natural, jamás tuve que tomar una decisión que me diese tintes de deidad. Al final, Balto nunca tuvo que pasar por un periodo de postración, en el que no pudiese pararse ni para hacer sus necesidades. Al final, la última lección de Balto fue: confía en que todo lo que te sucede, bueno o malo, te lleva a un destino mejor. Aunque al momento la muerte de Balto me pareció injusta, inexplicable y me causo una enorme frustración, en realidad fue lo mejor para el. Es posible que Balto no haya sentido mayor dolor, la muerte le llegó de forma casi divina, casi pensada para salvarlo de un futuro doloroso y humillante.

La verdad es que Balto se fue y no puedo negar que eso me entristece, no hay un día que pase en que no lo recuerde. Pero cuando cierro los ojos y lo veo correr hacia mi, con su lengua moviendose de lado a lado, gruñendo de alegría, como si quisiera articular palabras humanas, como siempre lo hacía, no puedo dejar de sonreir. Eso es lo que Balto significa para mi: eterna alegría y amor a la vida.

Ahora, solo tenemos a Kimba, la perra loca que en lugar de hacerle companía a Balto, lo torturó durante sus ultimos años de vida mordiéndole, saltándole encima, quitándole los juguetes, ganándole cada vez que corrían para traer lo que les lanzabamos y jalándole las orejas con crueldad. Y nuestras vidas siguen, mostrandonos en cada momento cuanto nos queremos, con el recuerdo de Balto, el perro que me demostró que si algún día tengo un hijo, no seré tan mala madre, que logró que a mi mama le gusten los perros y que se convirtió en compañía constante para mi papa.

¡Adiós Balto bebe, gracias por todo lo que me enseñaste ... nunca te olvidaremos!

8 comments:

Luis said...

¡Qué tierna entrada de blog!. Las mascotas son sin lugar a dudas una compañía y merecen todo nuestro cariño y respeto. Nos brindan su cariño de forma incondicional sin jamás reprocharnos nada. Conocí a Balto y sé cuánto lo quiso. Lamento mucho que no haya podido tener una larga vida, pero a pesar de no ser su amo, también guardo recuerdos muy bonitos de él.

Andres said...

Me conmovió mucho la entrada, yo sé como tu familia llegó a querer a Balto y también fue mi favorito (aunque ahora haya momentos de despapaye con kimba) pero es verdad, cuando alguien querido se nos va, simepre nos deja lecciones de vida como algunos puntos que tu has marcado, pero mas que nada nos enseña lo efimeros que pueden ser los momentos que compartimos con nuestros seres queridos y que no hay carrera profesional o negocio del siglo o partido de futbol o cualquier adefecio que podamos considerar importante, que los pueda superar.

xallam said...

Ciertamente, no hay amistad más leal que la de los animales.
Me apena muchísimo la situación que vivieron, pero como usted dice hay que continuar y entender las lecciones que pudimos aprender.

Verito said...

Casi lloro, me acordé de mi Ilgin.... la verdad las mascotas siempre nos enseñan muchas cosas, precisamente porque viven la vida de una forma más simple, son como niños que nunca crecen; y a pesar de eso las cosas que nos enseñan pueden ser muy valiosas.... voy a leer las otras entradas de tu blog, esta me gustó mucho :)

Mafalda said...

Gracias a todos por tomarse un momentazo y leer esta entrada tan larga. Me gusta mucho escribir, lo hago sobretodo para plamar las cosas que por instantes pasan por mi cabeza, aunque siempre es un halago que haya gente que las lea y mucho mas que les agraden.

@Luis, yo recuerdo esa foto que anda por ahi donde usted compartió la cama con Balto :P

@Andres, lei tu comentario y solo podía pensar lo verdaderamente especial que eres al tener claras las prioridades de la vida.

@Xallam, gracias por leer la entrada. Es cierto que nos dolió perder a Balto pero Dios sabe tanto lo que hace que, aunque al inicio me arrepenti de haber llevado a Kimba a la casa (porque era muy relajosa y Balto la rechazaba), cuando Balto se fue, tenerla junto a mi fue el mejor remedio.

@Verito, nunca olvidaré como estuviste conmigo ese día. Tu sabías lo que estaba sintiendo y me apoyaste totalmente. No lo digo mucho porque "no es mi estilo", pero te quiero mucho :)

samuel said...

me hizo recordar a mi gatita "meche", que la tenia desde mi primer anio de vida y el anio pasado tambien fallecio ya por la edad y sigo teniendo muy gratos recuerdos de ella :(

Felix said...

No puedo decir que entiendo como se siente... Pero el post casi hace llorar :) Es realmente increíble como el amor nos hace entender tan valiosas lecciones de vida...

Wander said...

Su blog me ha hecho reflexionar, como siempre, nos ha tenido acostumbrados(hablo de las materias a lo largo de la carrera.).., pero esta vez fue diferente, por que no hablamos de cosas materiales, que se pueden reemplazar facilmente, sino de vidas, de personas o animales, que ni por el mayor oro del mundo, podemos comprar. Esto me da la pauta para poder vivir un
"dia a la vez."